Ocio en Galicia

Vehementemente enmarañarse con el Océano Atlántico, en el rincón nordoeste de la Península Ibérica, Galicia se siente alejadísimo del resto de España. Por doquier es verde, desde las altas colinas frondosas de los campos ondulados, un mosaico de pequeñas parcelas agrícolas que son cultivadas a mano. En verdad, con su costa escarpada y el tiempo tibio y húmedo, Galicia es más como Irlanda que Andalucía. Sus habitantes se complacen de su herencia celta, y aprecian la supervivencia de su lengua, Galego. Es poco fuera de lo normal, no obstante. S. de Compostela clasificado a lo largo de la Edad Media como la tercera urbe de la cristiandad, y los peregrinos han estado haciendo su camino acá, al lado del Camino de la ciudad de Santiago para de esta forma más de mil años.

Santiago en sí prosigue siendo el primordial atrayente para los visitantes. Aún se centró en torno a su núcleo medieval virgen, un exquisito laberinto de galerías y pasajes viejos y, es una joya imperdible. otro punto esencial de venta de Galicia es su línea de costa sin fin con sangría, recortado por el mar de gran alcance en los estuarios profundos y estrechos conocidos acá como rías, y enmarcado por verdes laderas empinadas. Desgraciadamente, no obstante, la carencia de controles de planificación ha hecho que una gran parte de la costa es deprimente sobredimensionado, si bien con villas y pisos tristes en vez de hoteles de gran altura. Con cada urbe que tiende a derretirse en la próxima, esos pocos complejos que continúan identificables como robustos pequeños pueblos de pescadores medievales, como Cambados, Muros y Baiona, vienen señalados como bienvenida. playas areniscas bonitas y solitarias existen, mas toman un tanto de hallar en estos días, ya menudo requieren una unidad lejos de las zonas urbanizadas.

En términos generales, de los diferentes tramos ribereños, las Rías Altas en el norte son más salvaje y más vacía, al tiempo que el pintoresco Rías Baixas, el vecino Portugal, son más cálidos y más desarrollada, y en consecuencia captar considerablemente más visitantes. Entre los 2 se hallan las dunas y promontorios de la más resistente Costa de la Muerte. Solo dos los pueblos frente al mar han crecido hasta transformarse en urbes modernas: los puertos de A Coruña, con sus muy elegantes balcones en vitrinas, y Vigo, se levanta al lado de una espléndida bahía. En el interior, los asentamientos están más extendidas, y los vales de los ríos Miño y Sil prosiguen siendo muy virgen, al paso que las capitales de provincia atractivas de Pontevedra, Ourense y Lugo semejan pocos cambios desde la Edad Media.

De nuevo como los irlandeses, los Galegos son reconocidos por haber emigrado en el mundo entero. Entre mil ochocientos treinta y seis y mil novecientos sesenta, cerca de un par de millones de Galegos – más o menos la mitad de la población total – a la izquierda de la zona, en una gran parte merced a la presión demográfica sobre la tierra agrícola. La mitad de ellos acabó en Argentina, Buenos Aires, donde frecuentemente lleva por nombre la urbe más grande de Galicia. Una palabra intraducible Galego, morriña, describe sentido particular de los asilados de añoranza añoranza, nostálgico. Que la melancolía celta tiene su contraparte en la exuberante devoción a la tierra, su cultura y sus productos que te marchas a localizar en sí Galicia, como se patentiza en la música en A Coruña, – aun tocar la gaita (gaita galega o bien) – literatura y festivales. Sobre todas y cada una las cosas, Galegos ver su comida y el vino prácticamente tan sacramentos; participación en una celebración del marisco fresco de la zona, regados con una blanca frágil Albariño, y puede hallar la morriña se apodera de ti, asimismo.